Del Nido se vuelve loco
Publicado por Sidekick en Agosto 22nd 2007
El presidente del Sevilla, José María del Nido, parece no estar encajando excesivamente bien los éxitos de su equipo. Tras haberse ganado el favor de buena parte del público al exclamar la ya famosa frase «sevillanos en Andalucía, andaluces en España y españoles en Europa», los más importantes dirigentes de los clubes de todo el mundo, y especialmente los europeos, parecen estar ya al borde del hartazgo con sus aires de grandeza.
Humanamente comprensible, aunque poco sutil y excesivamente pretenciosa, su última exigencia entorno a las negociaciones por Daniel Alves se ha ido a los 40 millones de euros. Más de 6.500 millones de las antiguas pesetas que muy pocos clubes están dispuestos a pagar por un lateral derecho, por mucho que éste haya demostrado ser el mejor del mundo. Si Calderón o Abramovich no lo remedian, demostrando así que su locura futbolística sobrepasa lo humanamente imaginable, Alves volverá a vestir la camiseta del Sevilla la próxima temporada. Y lo hará, según ha evidenciado el jugador con sus declaraciones de las últimas semanas, en contra de su voluntad.
Retener a un jugador que ha expresado su deseo de ser traspasado resulta obsceno en estos tiempos que corren. Y si no lo hace ya, la legislación debería prohibirlo. Prohibirlo porque atenta contra la dignidad del ser humano y contra las normas éticas y morales de nuestra sociedad del bienestar. Aunque todo ello sea muy interpretable, y más moviéndonos en este círculo tan balompédico, convendrán conmigo en que a ninguno de nosotros, curritos de a pie, nos pueden negar de forma tan tajante y contundente el decidir libremente sobre el lugar en el que queremos desempeñar nuestra labor profesional.
Las cláusulas de rescisión que aún persisten en el fútbol español parecen la última reminiscencia de alguno de esos gobiernos dictatoriales que tantos libros de historia recordarán eternamente: «su trabajo, su familia, su vida, y en definitiva todo lo que tenga que ver con usted, le pertenecen al régimen, y con ello al Estado». Grandiosas palabras que cualquier Ministro de Propaganda o dirigente de medio pelo hubiera camuflado tras un «todo por la patria». Ivá, en su grandeza, lo transformó en un «nasío p’a matá». Lo de la patria se daba por entendido o, en su defecto, se dejaba a la interpretación del lector.
Una cláusula de rescisión sólo tiene sentido si es rescindible. Y especialmente si es rescindible en condiciones justas e igualitarias para todas las partes que finalmente participan de ella.
En este sentido, el presidente del Sevilla haría bien en comprender que sus desmedidas demandas a la hora de traspasar jugadores se volverán tarde o temprano en su contra. Porque no sólo son injustas de cara a esos jugadores que se quieren marchar, sino que también lo son para esos clubes que piensan que vender caro y comprar barato le sale demasiado cómodo al Sevilla y que, por tanto, a partir de ahora será muchísimo más rentable empezar a exigirle al Sevilla exactamente lo mismo que el Sevilla exige. En otras palabras: se acabó la economía de guerra para una entidad que gana tantas batallas. Y es que cuando uno es o pretende ser grande, no le queda más remedio que pensar como los grandes.
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